La lesbiana no es una mujer.

sararoscales
4 min readApr 26, 2020

Si para Lacan el falo es el significante trascendental y la mujer es un significante tachado (por la carencia del falo), Monique Wittig dice que la lesbiana no es mujer. Desde el psicoanálisis, desde la sociedad y cultura patriarcales, la mujer es, en tanto que esposa, amante, madre, hermana… Es la relación con el hombre, es la heterosexualidad la que da a la mujer, el nombre de mujer. La lesbiana, al quedar fuera de este orden heterosexual, al no constituirse como ocurre en el psicoanálisis lacaniano en relación con y por la carencia de falo, no es mujer.

Pero no es sólo que Wittig haga una magnifica crítica al orden heterosexual y falogocéntrico, a Lacan y al psicoanálisis que alimentan los mitos sobre la mujer, el padre, el complejo de Edipo, etc., es que revisa el tema del lenguaje, el género, la escritura… Digamos lo así: lo tiene todo, todo.

En la introducción comienza definiendo la heterosexualidad: «describo la heterosexualidad no como una institución sino como un régimen político que se basa en la sumisión y la apropiación de las mujeres» (p. 15). En el primer capítulo, La categoría de Sexo, afirma: «Es la opresión la que crea el sexo, y no al revés. Lo contrario vendría a decir que es el sexo lo que crea la opresión, o decir que la causa (el origen) de la opre- sión debe encontrarse en el sexo mismo, en una división natural de los sexos que preexistiría a (o que existiría fuera de) la sociedad» (p. 22), y añade: «la categoría de sexo es una categoría política que funda la sociedad en cuanto heterosexual» (p. 26)

En No se nace mujer, afirma que una sociedad lesbiana realiza de hecho: «no sólo no existe el grupo natural «mujeres» (nosotras las lesbianas somos la prueba de ello), sino que, como individuos, también cuestio- namos «la-mujer», algo que, para nosotras —como para Simone de Beauvoir – es sólo un mito» (p. 32). Y también dice: «al admitir que hay una división «natural» entre mujeres y hombres, naturaliza- mos la historia, asumimos que «hombres» y «mujeres» siempre han existido y siempre existirán. No sólo naturalizamos la histo- ria sino que también, en consecuencia, naturalizamos los fenó- menos sociales que manifiestan nuestra opresión, haciendo imposible cualquier cambio» (p. 33). Al final, explica lo que decía al principio: «Lo que constituye a una mujer es una relación social específica con un hombre, una rela- ción que hemos llamado servidumbre, una relación que implica obligaciones personales y físicas y también económicas («asigna- ción de residencia»19, trabajos domésticos, deberes conyugales, producción ilimitada de hijos, etc.), una relación de la cual las lesbianas escapan cuando rechazan volverse o seguir siendo heterosexuales». (p. 43)

En el capítulo de El pensamiento heterosexual, el más conocido, crítica al psicoanálisis y el inconsciente. Sobre Lacan dice algo sobre lo que he pensado muchas veces: «ha encontrado en el Inconsciente las estructuras que él dice haber encontrado ya que se había encargado de ponerlas allí con anterioridad» (p. 47), y más adelante añade algo que me encanta: «No hay por consiguiente, que asombrarse de que no haya más que un Inconsciente y de que sea heterosexual, es un Inconsciente que vela demasiado conscientemente por los intereses11 de los señores que habita para que se les arrebate tan fácilmente» (p. 55)

Sobre A propósito del contrato social solo diré que me parece interesante la relación que podemos establecer entre este texto y el Contrato sexual de Carole Pateman.

El cuestionamiento de la dialéctica que hace en Homo sum me ha maravillado, aunque me parece que sus planteamientos no son tan incompatibles con los de algunas feministas de la diferencia como Hélène Cixous, a pesar de que rechace y critique sus posturas. De hecho, bajo mi punto de vista ambas autoras parten de la misma premisa, la destrucción de las categorías duales del logocentrismo y una crítica al falogocentrismo. También en este sentido, aunque me parece interesante el cuestionamiento de la escritura femenina que hace en El punto de vista: ¿universal o particular?, pero me opongo a la generalización que de ella hace. Por ejemplo, para Hélène Cixous la escritura femenina tan solo es el nombre que da a aquello que enlaza con la teoría de la otra bisexualidad, la escritura femenina no es una práctica únicamente realizada por mujeres, sino más bien una tipología que tiene que ver con la capacidad y el deseo de ser otro, que con el género de quien lo escribe. Sobre esto leía el otro día algo que me resulto muy esclarecedor:

«In the relation that Cixous holds with Lispector, écriture féminine is a working term referring less to a writing practiced mainly by women than, in a broader logical category, to textual ways of spending. It suggests a writing, based on an encounter with another-be it a body, a piece of writing, a social dilemma, a moment of passion-that leads to an undoing of the hierarchies and oppositions that determine the limits of most conscious life». [Reading with Clarice Lispector Hélène Cixous]

Aunque también entiendo que precisamente, el planteamiento de Wittig precisamente crítica estas categorías de otro y uno mismo, pero aún así, y a pesar de que su radicalidad me gusta, creo que sería posible tender lazos entre ambos planteamientos de forma fructífera.

De sus planteamientos sobre el lenguaje y su relación con la subjetividad y el género poco puedo decir, salvo que todos ellos me han parecido certeros y claros. Esto es lo que revisa, junto con algunas ideas sobre las obras de Proust, Djuna Barnes y Nathalie Sarraute , y la literatura, en los últimos capítulo o ensayos del libro. Sin duda, me parece un libro de 10, no sólo por lo que mantiene y su radicalidad, sino por la capacidad de ir al centro del problema y expresarlo con un lenguaje tan claro y conciso como lo hace. La lectura se hace super amena y nada enrevesada, algo que habitualmente se echa en falta entre los franceses y que cada vez que encuentro, agradezco más.

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sararoscales

📚 algo de filosofía ♀ #leoseñoras y más que voy a leer «cuando digo lo que siento, lo que siento se transforma lentamente en lo que digo»